Quedan más o menos tres meses hasta la boda y las preparaciones ya están bien en proceso. De hecho, justo el otro día Juan publicó en Facebook que habíamos alcanzado el hito de “cien días hasta la boda” y mi mamá me contó más tarde que cuando ella la vio casi entró en un pánico pensando en todo lo que hay que hacer todavía. A pesar de la locura del horario actual de Juan y yo en cuanto a trabajo y estudio, hemos logrado hacer algunas cosas desde nuestro último blog. Después de elegir las lecturas, pudimos hacer algunas decisiones de la música. Queremos tener música un tanto más tradicional, con “Oh Dios, sé mi visión” para la canción del ofertorio y un hermoso preludio de Ave María. Estoy todavía considerando tener partes de la Misa en latín. Puede ser una manera bonita de reflejar la iglesia universal ya que vamos a tener representados dos grupos idiomáticos.

En adición a las preparaciones de boda, hemos también entrado en un tiempo de preparación de matrimonio más intenso. El lunes pasado, tuvimos nuestra primera reunión con Juan y Carmen, el matrimonio monitor que va a trabajar con nosotros en el programa de preparación de matrimonio del arzobispado de Santiago. Estuvimos un poco nerviosos, por no saber qué esperar, y con un poco de aprehensión en cuanto a compartir detalles personales con desconocidos, ya que el programa es diseñado para cubrir temas sensibles, para asegurar que los novios han pensado y enfrentado a algunos de los temas más polémicos del matrimonio.

Nuestra primera sesión empezó con un poco de aventura y por aventura, quiero decir que nos perdimos completamente. Salimos para la reunión desde la universidad, después de estar todo el día trabajando (habíamos estado fuera de nuestros departamentos ya para 12 horas fijas). La casa de nuestro matrimonio monitor estaba bastante lejos de la universidad y no estuvimos seguros de cómo llegar. Solo teníamos una idea general de la ruta y los nombres de algunas calles, así planeamos llegar a la última parada del metro, de allí tomar un bus, y usar google maps para confirmar nuestra trayectoria. Fue un buen plan hasta que se murieron los dos celulares en el metro. Luego, no pudimos encontrar la parada de bus que no estaba donde pensábamos que iba a estar. Empezamos a caminar unas calles que sabíamos que eventualmente nos llevaría a la dirección correcta, con la esperanza de tomar un taxi cuando pasó.

Pero no pasó ningún taxi.

Al final caminamos/corrimos más o menos 3 km en una calle residencial (estaba llevando tacones además) y por suerte llegamos solo diez minutos atrasados, lo cual, por estándares chilenos, fue casi temprano.

Tocamos el timbre, sin saber que esperar y también un poco autoconsciente con respecto a nuestra apariencia un tanto desordenada después de tanto correr en ropa de trabajo. Carmen y Juan contestaron la puerta y amablemente nos dieron bienvenida. Empezamos con presentaciones y a Juan y yo nos gustó averiguar que son del movimiento Schoenstatt (un movimiento católico de sacerdotes, religiosos, matrimonios, y  hombres y mujeres solteros) con lo cual Juan y yo habíamos estado involucrado desde el año pasado.

Empezamos la sesión con una oración y Juan y Carmen nos invitaros a hablar sobre las actividades del libro de preparación matrimonial que habíamos preparado la semana antes. Aunque, como dije, entramos en la reunión con bastante aprensión, fue muy rico hablar sobre las actividades con ellos. Fueron muy atentos a lo que dijimos y compartieron sus propias experiencias con respecto a lo que nosotros estamos viviendo. Específicamente, nos dimos cuenta mientras leíamos el capítulo del libro que necesitamos manejar mejor el estrés provocado por nuestros horarios difíciles. Entre las clases que enseño y mi tesis, y el semestre difícil de Juan, hemos estado con frecuencia trabajando hasta las once por la noche, solo para despertarnos temprano el día siguiente. Ha sido tan loco que es suficientemente difícil encontrar tiempo para cocinar y lavar la ropa, y aún más difícil pasar tiempo juntos sin que el trabajo nos distraiga.

Cuando explicamos nuestra situación a Carmen y Juan, ellos nos recordaron que estos tiempos más difíciles o estresantes vendrán en ciclos durante nuestra vida, así es importante que cuando llegan, encontramos equilibrio entre nuestra relación y trabajo de una manera en que los dos podamos estar de acuerdo, enfoquemos en ayudarnos el uno al otro, y que no dejamos que el estrés cree discusiones.

Mientras Juan y yo lo hablamos más tarde, decidimos que necesitamos hacer una prioridad de tener una cita semanal, fuera de nuestros departamentos, y preferiblemente fuera del barrio donde vivimos. Aunque hemos preferido pasar nuestras citas viendo una película o cocinando juntos en uno de nuestros departamentos, mayormente para no gastar dinero y también porque vivimos en el centro de la cuidad así que el exterior está un tanto contaminado y ruidoso y no muy relajante. El problema es que nosotros estudiamos en nuestros departamentos, y yo hago la mayoría de mis planificaciones de enseñanza allí también. Nuestros departamentos efectivamente son nuestras oficinas y por lo tanto, es muy importante que nosotros salgamos, aun si solo para dar un paseo en el parque.

Nos sentimos muy bien al haber hecho una resolución para nosotros que creo que tendrá un impacto muy positivo en nuestra relación. Después de esta primera sesión, estuvimos emocionados para las próximas sesiones, las cuales involucrarán temas como el dinero, el planeamiento familiar y la sexualidad, la familia de origen, y otros temas importantes.

Si tienen un programa parecido en su diócesis y se sienten nerviosos o aprensivos al respecto, no se preocupen. Van a ganar mucho de la experiencia y aprender tanto de las áreas de su relación donde Dios te está pidiendo que mejoran como pareja.

Pero un consejo: Averiguen bien de antemano la ubicación de la reunión.