El gran día se acerca y los nervios y emociones nos traicionan, pues podemos cambiar de euforia a tristeza y de risa a llanto de un momento a otro e incluso hay quienes piensan por momentos “no lo voy a hacer”, “¿estará todo listo a tiempo?”, “¿podremos pagar?”… Aun cuando parece que estamos hablando de la fecha para presentar y pagar la planilla de impuestos en Estados Unidos, esta es la situación que ocurre a la mayoría de las parejas que van a contraer matrimonio. El afán por tener contentos a los familiares e invitados, por salir bien en las fotos, por evitar críticas de si faltó o sobró comida, si la bebida era barata, si no hubo o no restricción en la música, entre otros, trastorna a cualquiera que esté envuelto en esta situación.

En muchas poblaciones se arrastra no solo a los familiares sino además a los amigos y conocidos que aceptan participar como padrinos de cualquier cosa que sea necesaria para la gran fiesta: de banquete, de limosina, de traje, de brindis, etc. Esto pone en un aprieto a todos porque se adeudan hasta las medias por lo que tienen que empeñar para cubrir los compromisos adquiridos como padrinos. Y esto sin contar con los gastos y deudas incurridas por los novios y sus padres para llevar a cabo la celebración.

Como consecuencia, muchas parejas comprometidas no reciben el sacramento del matrimonio porque creen que para ello es necesario tener grandes recursos para “echar la casa por la ventana” en una grandiosa celebración, lo cual no es para nada necesario. Lamentablemente, lo más importante, que es el acompañar a los novios en la ceremonia y ser testigos del compromiso que adquieren, queda a un lado.

Nosotros gracias a Dios y a nuestro entendimiento del Sacramento del Matrimonio tuvimos la bendición de tener un templo lleno de amigos, orando por nosotros y siendo testigos de nuestro compromiso. A través de los años, ellos también han seguido orando, pendientes del bienestar de nuestra relación. Hubo fiesta porque es importante celebrar tan bello momento, pero la simplicidad hizo el ambiente: bailamos, cantamos, reímos y gozamos por más de 4 horas sin haber ofrecido bebidas alcohólicas y habiendo comido una muestra de lo típico de nuestros países. Felizmente, no incurrimos en deudas, ni nosotros ni nuestros familiares, para llevar a cabo nuestra hermosa celebración.

En estas fechas que preparamos las bodas recordemos que la preparación más importante es saber el compromiso que adquirimos por el Sacramento de permanecer fieles todos los días de nuestra vida hasta que la muerte nos separe, y de recibir y educar a los hijos que Dios nos regale. La gran fiesta será al final de nuestra vida cuando hayamos cumplido cabalmente ese compromiso.