Este fin de semana llevamos a nuestro hijo Sebastián para pasar dos semanas con su abuela, tía y primo en las playas de Cabo Cañaveral en Florida. Aprovechamos que estaríamos pasando esas mismas dos semanas cursando estudios teológicos intensivos en la Universidad de Barry, y así no notar tanto su ausencia. Aún así, siendo tan apegados como familia, Ricardo y yo regresamos a Miami con el corazón vacío por la ausencia de nuestro pequeño.

Pero una vez en casa, decidimos aprovechar este tiempo que Dios nos regalaba para pasar estas dos semanas, no sólo concentrados en nuestro trabajo, sino viviendo una segunda luna de miel. Tomó cierto esfuerzo de alguna manera “desconectarnos” de nuestro rol de padres, pero ciertamente estamos pasando unos días maravillosos de unión y profundo compartir.

Esta experiencia nos ha recordado la importancia de buscar momentos para compartir solos como pareja, dejando por un tiempo en segundo plano nuestras responsabilidades como jefes de familia. Un tiempo dedicado intencional y conscientemente a enriquecer y alimentar nuestra relación de pareja, que es la base de nuestra familia. Momentos dedicados a recordar el amor del principio, pero a la luz de una experiencia vivida a través de los años del compartir en pareja.

Les invitamos a todos a buscar el tiempo para compartir solos, recordar los momentos del amor primero, hablar de las cosas que los enamoraron, recordar cómo se fueron conociendo, complementando y construyendo su hogar.  Les motivamos a  tomar el tiempo de celebrar cómo con la ayuda de Dios superaron las pruebas de la vida, orar sobre sus cosas y planear con ilusión en resto de sus vidas unidos en el amor de Dios.