Este mes de julio celebramos el Día de los Abuelos.  Muchos dicen jocosamente que la función de los abuelos es consentir a los nietos, ya que no tienen la responsabilidad principal de criarlos, educarlos y sustentarlos que naturalmente recae en los padres. Pero la verdad es que el rol de los abuelos va mucho más allá, especialmente en nuestra cultura hispana.  

En nuestros países, los abuelos son frecuentemente el conducto por donde se transmite la fe.  Han sido muchos los niños que por insistencia de las abuelitas, han aprendido la importancia de vivir cada domingo la celebración eucarística.  Son ellas también las que en muchas ocasiones han puesto por primera vez el Santo Rosario en las pequeñas manos de nuestros niños para que comprendan el poder de esta oración trinitaria, que comienza con proclamación de nuestra fe y medita en la vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.  

Son también los abuelos los que reúnen a nuestros niños para explicarles las costumbres más arraigadas de nuestra cultura y los que insisten en continuar celebrándolas en nuestras familias, aunque vivamos lejos de nuestros países de origen.  Los abuelos son los primeros en enseñar los cantos y ritmos tradicionales de nuestra cultura y promueven en nosotros el orgullo se ser hispanos.  

Y manteniendo vivas las raíces de nuestra fe y cultura, son los abuelos los pilares de nuestras familias.  Ellos mantienen las bases de la unión entre padres, hijos, primos, tíos, sobrinos y nietos.  Son los que insisten que nadie se ausente de la cena navideña, la reunión de Pascua, el Día de Acción de Gracias y la bienvenida de un nuevo año.  Valoremos pues el tesoro de creencias, costumbre, tradiciones, amor y unión familiar que nos regalan día a día los abuelos y a su ejemplo, pasemos este tesoro a los nuestros de generación en generación.