En el mes de febrero celebramos el Amor y la Amistad. Cuentan que esta festividad nace un 14 de febrero en la Edad Media, cuando esta fecha comenzó a ser asociada con la amistad y el amor en Inglaterra y Francia. Se cree que ese mismo día, San Valentín fue ejecutado por no renegar de su cristianismo y por haber casado secretamente varias parejas de enamorados luego de la que el emperador Claudio II emitiera un decreto prohibiendo el matrimonio.

Aunque la fiesta de San Valentín cesó de celebrarse por la Iglesia en 1969 por falta de certeza del origen de este santo, la práctica de celebrar el amor y la amistad se ha arraigado en este y otros países del mundo. Esta costumbre de expresar con detalles amorosos, tarjetas, chocolates, regalos y salidas en pareja, ha dado el fruto de hermosas celebraciones enfocadas a fomentar el valor del amor entre parejas de novios y esposos.

La más importante de estas celebraciones es el Día Mundial del Matrimonio, que se celebra cada segundo domingo de febrero. La idea de celebrar mundialmente el matrimonio es hija de una iniciativa de Encuentro Matrimonial Mundial en Baton Rouge, Luisiana en 1981 que tuvo tanta acogida local que promovió la celebración mundial tan conocida hoy. Desde entonces esta celebración ha sido abrazada por muchos países del mundo. En muchas diócesis, los Obispos celebran misas diocesanas de aniversario para todas las personas que cumplen 25, 50 o más años de matrimonio. En 1993, el Santo Padre, Beato Juan Pablo II, impartió su Bendición Apostólica sobre el Día Mundial del Matrimonio.

El mes de febrero nos recuerda que los esposos no sólo debemos ser compañeros de vida, amantes y aliados en la paternidad, sino que también debemos ser verdaderos amigos. Un amigo verdadero es incondicional, te ama a pesar de tus flaquezas, busca siempre tu bien, es feliz sólo por estar contigo, comparte sus intimidades, está junto a tí en las buenas y en las malas, no te abandona, mas te levanta cuando estás caído y no te busca por conveniencia, sino porque te quiere y desea tu felicidad. Un verdadero amigo, está siempre presto a ayudarte, a serte fiel en todo y ante todos, jamás te ofendería verbal, física, emocional o moralmente, y hasta daría la vida por ti. Interesantemente, las características de la verdadera amistad son las mismas que manifiestan el amor verdadero. Como bien dice la Escritura, no hay mayor amor que el de aquel que da la vida por sus amigos. Entonces pues, tu cónyuge debe siempre ser tu mejor amigo/a.

Aprovechemos pues esta invitación que nos da la historia para celebrar el amor y compromiso de entrega total que une a millones de parejas. Recordemos que el amor que profesamos por la pareja es un regalo que viene de Dios. Mantengámoslo integro, vivo y fuerte teniendo a Cristo como su centro y roca. Los invitamos a todos a vivir profundamente estas festividades, y a valorar y fomentar el amor conyugal no sólo cada febrero, sino todos los días.