Por Alicia Pérez

Al casarse las parejas, eligen a la persona que desean les acompañe por el resto de sus vidas. Con esta persona han de crecer como personas y como pareja. Y para las parejas cristianas y sobre todo para aquellas que escogieron hacer de su relación un sacramento, es decir, que fueron ante el altar y prometieron amarse mutuamente como Cristo ama, su vida va a tener un significado muy especial. “Por eso dejara el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se harán una sola carne” (Génesis 2, 24 y Efesios 5:31).

Ahora bien, para que la riqueza y la gracia del sacramento del matrimonio dé sus frutos, es esencial que juntos descubran, cada día, cuál es el plan de Dios para ellos. Para tal fin, deberán de mantenerse cerca de Dios y de los medios que les llevan a Dios y a su gracia. Esto es una labor individual y de pareja. Por un lado cada uno ha de buscar a Dios de acuerdo a su espiritualidad. (Entendemos por espiritualidad la manera en que vivimos nuestra relación con Dios y con los demás y cómo la vivimos en las situaciones diarias de la vida). Aún cuando su espiritualidad sea diferente e inclusive cuando pertenecen a religiones diferentes, las parejas pueden encontrar maneras conjuntas para vivir su relación con Dios y descubrir cómo quiere Dios que vivan su matrimonio y transmitan su fe y su espiritualidad a sus hijos.

Para que se entienda mejor de lo que se trata, permítanme contarles una historia: Una pareja muy cercana a mi corazón me contó que al acercarse una navidad, los dos decidieron ponerse de acuerdo en cómo iban a celebrar y a transmitir su fe a su hijo. Entonces, cada uno le contó al otro cuáles eran las tradiciones con las que habían crecido en su casa y lo que estas significaban para su vida. Cuando tocaron el punto de cómo iban a  enfocar para su pequeño el nacimiento de Jesús y cómo iban a abrir sus regalos, decidieron que iban a envolver una imagen del niño Jesús en una cajita de regalo y la iban a poner debajo del árbol de Navidad. Cuando llegaran de sus celebraciones a la intimidada de su hogar, el niño encontraría esta cajita debajo del árbol y al abrirla encontraría un niño Jesús. Esto les daría la oportunidad de hablar del verdadero significado de la Navidad, de arrullar al niño y cantarle villancicos; y para celebrar, le darían al niño su regalo de Navidad.

Cada pareja va escogiendo cómo va a vivir su espiritualidad, pero para ello necesitan crear antes una vida íntima en que puedan compartir sus pensamientos, sus ilusiones, su historia, los sueños que juntos tienen; y decidan cómo van a vivir su vida matrimonial y de familia (véase Convertirse en compañeros para siempre). Por eso, como parte de su compromiso espiritual,  han de evitar todo aquello que pueda alejarlos del verdadero sentido del amor. Las estadísticas de hoy en día nos muestran un panorama muy triste. Por un lado los altos niveles de divorcio causado por la pornografía y la infidelidad matrimonial, y por el otro lado, la falta del desarrollo del amor matrimonial debido al egoísmo e inclusive al materialismo.

Por eso es importante que, desde un principio, los esposos se entreguen libre y mutuamente el uno al otro y busquen todo aquello que les una y les haga crecer. Permítanme sugerir algunas prácticas que les pueden ser de utilidad:

  • Oren el uno por el otro. Encomienden a Dios las necesidades de su pareja.
  • Pídanle a Dios la gracia para amar a su pareja como Dios les ama.
  • Oren juntos por las necesidades de su familia y del mundo que les rodea.
  • Busquen oportunidades para servir como pareja o como familia. Por ejemplo, a través del Movimiento Familiar Cristiano, Encuentros Matrimoniales y otras organizaciones, actividades o ministerios en su parroquia o su región.
  • Cuiden los sentidos, evitando el uso de programas o imágenes que dañen su espiritualidad y su vida matrimonial.
  • Eviten la pornografía y aquellos programas que dañen su imagen del matrimonio.
  • Ábranse a todo aquello que de vida como pueden ser los actos de cariño y de comprensión.
  • Procuren lo que hace feliz a su pareja.
  • Eviten a toda costa usar a su pareja para sus propios fines.
  • Sean fieles a sus votos matrimoniales: “prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida”.
  • Busquen oportunidades para hacer cosas juntos como salir a dar un paseo, practicar un deporte, etc.
  • Procuren hacer citas (dates) pero nunca las usen para discutir o pretender resolver conflictos.
  • Hagan citas especiales para hablar sobre un problema o un conflicto, y de preferencia busquen un lugar que no sea su alcoba para el encuentro.
  • Busquen ayuda profesional cuando consideren que no están teniendo los resultados deseados en su relación. No lo eviten. Su matrimonio es demasiado importante.
  • Decidan todos los días al despertar, que van a amar a su pareja y busquen maneras de demostrarlo.

Que hermoso es ver parejas que han logrado devenir en una sola alma. Esperamos que su matrimonio sea uno de ellos y que juntos lleguen a vivir su vocación a la felicidad como pareja.

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